explicacion del blog

Este un blog creado por MAD ÁFRICA para analizar el actual conflicto que sufre el pueblo de Malí. Pretendemos dar a conocer a través de diferentes documentos una visión global del conflicto, sus origen y especialmente las repercusiones políticas, económicas y especialmente sociales de esta situación

miércoles, 30 de enero de 2013


Malí, malestar de África
Javier Aisa
Marzo 2012

El golpe de Estado en Malí no tenía futuro tras la condena y el  embargo impuestos por los países vecinos de la Comunidad Económica de Estados del África Occidental (CEDEAO), apoyada por Francia, antigua potencia colonial. La junta del capitán Sanogo pretendía contrarrestar la insurrección de los tuaregs. Pero sus milicias han aprovechado el caos para llegar hasta Tombuctú, encrucijada religiosa, cultural, de las redes comerciales y de las migraciones que atraviesan el Sáhara. Sin experiencia, liderazgo y alianzas políticas internas, el directorio militar ha sido aislado y derrotado. La quiebra del Estado maliense exige unidad y fortaleza frente a la independencia de Azawad, el “territorio de la trashumancia”, declarada por los insurgentes tuaregs en la mitad norte del país.
            La mínima beligerancia del presidente derrocado, Amadou Toumani Touré (ATT) ante los rebeldes y el narcotráfico y el desvío de los fondos para la guerra figuran entre las causas del golpe. Sin embargo, esta crisis refleja otros problemas más profundos de Malí, trasladables a buena parte de África: estados patrimoniales, militarismo, empobrecimiento e injerencias extranjeras.
            ATT acabó en 1991 con la dictadura de 23 años dirigida por Moussa Traoré. Cambió el uniforme por el traje de civil y ganó dos elecciones desde 2002. Emprendió reformas y planes de desarrollo. El multipartidismo sustituyó al partido único. Pero, al cabo de los años, la “política del consenso” de ATT ha hecho retroceder la democracia. Nuevas burocracias provocaron clientelismo. Los pactos fagocitaron a casi toda la clase política y consolidaron un estado paternalista. Con la excusa de que la construcción nacional requiere unanimidad, las voces discordantes desaparecieron por la fuerza. La máxima africana “no puede haber dos caimanes machos en un solo brazo de un río” se  impuso en Malí sobre la tesis de que la democracia y el buen gobierno exigen una oposición sólida y viva.
            Muchas fronteras de África separan culturas, etnias, clanes y formas de vida. Son el resultado artificial de una descolonización destinada a crear estados frágiles y dependientes para que las metrópolis mantuvieran su influencia política y económica. Sucede en Malí, donde los gobiernos centralizadores de Bamako han marginado a la población tuareg: problemas de acceso al empleo en la administración; abandono cultural; juventud sin trabajo; precariedad en las condiciones de vida y escasa representación institucional. La salida de los tuaregs ha sido proclamar la ruptura del país.
El principio de inmovilidad de las fronteras podría variar; dado que los procesos de descolonización obedecieron a intereses de las potencias occidentales y de las nuevas elites africanas, no tanto a decisión libre de sus poblaciones. Francia manejó el proyecto de un Estado sahariano que incluyera Malí, Níger, Chad y el sur de Argelia. Eritrea y Sudán del Sur son Estados recientes reconocidos internacionalmente. En Somalia, Puntlandia y Somalilandia van por libre. No obstante, la disgregación de los actuales países africanos también puede acarrear más conflictos que ventajas: desplazamientos forzados; violencia; regímenes étnicos y religiosos excluyentes que nieguen los derechos de ciudadanía de todas las poblaciones en igualdad de condiciones; dificultades para una integración económica y nuevas dependencias de potencias más poderosas.
Los militares africanos son actores principales por su organización jerárquica y el control de las armas. Desde las independencias hace 51 años ha habido 34 golpes de Estado en África Occidental. La excusa de salvar la república ha permitido restaurar autocracias. Son sinónimo de represión de sus pueblos y actúan al dictado de los líderes de sus clanes. En Malí la oficialidad se hereda y el reclutamiento busca obtener un trabajo para salir del paro y no a la convicción de que la tarea de las fuerzas armadas es defensa nacional. La tensión entre los oficiales de alta graduación con los soldados y los mandos de menor rango es evidente: ningún comandante, coronel y general se sumaron al golpe.
El 51 % de la población maliense sobrevive con un 1,25 dólares. Sin embargo, Malí dispone de recursos. Es el primer productor de algodón al sur del Sáhara y 12º mundial. La agricultura y la ganadería son importantes y el oro representa el 75 % de sus exportaciones. Pero muchos productos se destinan a la exportación en vez de al comercio local y la autosubsistencia. La devaluación del franco CFA (final de los 90) obstaculizó la acumulación de capital para invertir en un desarrollo endógeno. Los ajustes estructurales, exigidos por las instituciones financieras, liquidaron empresas públicas y subvenciones a los alimentos. Las compañías extranjeras no reinvierten en Malí sus beneficios. Han completado la pobreza el hundimiento de los precios del algodón en 2005; la corrupción y el descenso de las remesas de la emigración por la crisis económica en Europa. A pesar de todo, destacan iniciativas de cooperación internacional: entre 2008 y 2011, Navarra ha destinado alrededor de 2,3 millones de euros para ocho proyectos de cuatro ONGds, dedicados a salud, enseñanza e infraestructuras.
La prioridad de los estados vecinos y de Francia es garantizar la seguridad regional. El primer paso ha sido pactar con los sublevados y traspasar el poder al presidente de la Cámara, como señala la Constitución. Se perfila la creación de una zona de interposición en la frontera  marcada por el levantamiento en el norte de Malí. Habrá que negociar la independencia de Azawad, aunque es un hecho consumado, difícil de evitar salvo con otra guerra abierta. La CEDEAO intenta organizar una fuerza de 3.000 soldados para intervenir contra los yihadistas. No es tan sencillo. Faltan medios, una tradición militar común y dinero. París aseguraría la logística, a cambio de una base en Malí, pero debe limitar sus exigencias porque peligraría la vida de sus nacionales secuestrados. Argelia rechaza las injerencias en su zona de influencia y exige el mando para impedir que esta región se parezca cada vez más a las zonas tribales afgano-pakistaníes.
El Sahel aparece ya como un escenario en disputa. Mejor sería que los recursos para los despliegues armados se destinaran a prevenirlos y a contener la hambruna que empieza a extenderse por aquellas tierras.

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